Que un poeta de Instagram con medio millón de ejemplares vendidos comparta cartel con el thriller gótico de un autor llamado el Stephen King español dice tanto del estado actual del libro como del esfuerzo de los pequeños municipios canarios por seguir convocando lectores. La Feria del Libro 2026 de Tacoronte, que se celebra del viernes 17 al domingo 19 de abril en la Plaza del Cristo y la Casa de la Cultura, arranca mañana con una nómina de más de setenta escritores y escritoras y cerca de medio centenar de actividades programadas: una cifra notable para una localidad del norte de Tenerife que, sin embargo, lleva años labrando su propio surco en el mapa literario insular.
La Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Tacoronte, encabezada por la alcaldesa Sandra Izquierdo, presenta un cartel construido sobre dos reclamos comerciales de peso desigual pero complementario. Defreds —seudónimo de José Ángel Gómez Iglesias— firmará y presentará el sábado 18, a partir de las 12:00 horas, su decimocuarto libro, Mientras duela, una nueva entrega de la prosa breve y emocional que ha convertido al autor asturiano en uno de los fenómenos editoriales más singulares de la última década, con más de medio millón de ejemplares vendidos a lo largo de su trayectoria. El propio sello presenta el libro como una indagación en el dolor entendido como parte inevitable de la vida: territorio, no sé si me explico, donde Defreds se mueve con la holgura del narrador que conoce a su público.
A las 17:00 horas de esa misma jornada será el turno de Paul Pen, autor que ha sumado más de 300.000 lectores en lengua española y que ha vendido 200.000 ejemplares de su obra solo en Estados Unidos. Llega a Tacoronte con El canto de los grillos, thriller ambientado en un viejo faro que prolonga el universo de aquella novela que lo dio a conocer, El brillo de las luciérnagas. La etiqueta promocional —Stephen King español— funciona como gancho y como límite: convendría leerlo, en cualquier caso, como lo que es, un narrador eficaz de atmósferas opresivas en una tradición de género que en nuestra lengua no abunda.
El cartel, sin embargo, no se agota en los nombres de gran tirada. La feria reserva carpas específicas para los autores del propio municipio, para la Asociación Cultural Canaria de Escritores (ACTE) y para los clubes locales de poesía, escritura y narrativa, ese tejido modesto y persistente sin el cual ningún ecosistema lector se sostiene. Entre los nombres anunciados figura Jorge Laguna con La sangre de la malvasía, título que invoca, ya desde la portada, la geografía vinícola que define a Tacoronte y al conjunto de la denominación de origen Tacoronte-Acentejo: un guiño, leo, que conecta literatura y paisaje en un municipio cuyo carácter está hecho precisamente de esa conjunción.
Cuatro librerías —Tacoronte Center, LuzVi, Más que papel y Cuentos en la cabeza— sostendrán la parte estrictamente comercial del encuentro, otra señal saludable: ferias así son uno de los pocos espacios donde el lector tinerfeño aún puede comprar su libro al pequeño librero del barrio antes que a la plataforma global. Se completa el programa con talleres de ilustración, caligrafía japonesa y retratos creativos, presentaciones teatrales, recitales literarios, juegos gigantes, shows de magia y, ya el domingo, un concierto del Grupo Sinora acompañado de una degustación de vinos del país.
Los horarios definidos por la organización son los habituales de estas convocatorias: viernes, de 17:00 a 20:00 horas; sábado, jornada doble de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00; y cierre dominical de 11:00 a 13:00 horas.
Conviene, llegados aquí, una observación de fondo. El crítico tiende, por deformación profesional, a mirar con cierta condescendencia los fenómenos de masas literarios; conviene resistir esa tentación. Que miles de lectores se acerquen el sábado a Tacoronte a comprar a Defreds es, antes que nada, gente entrando en una feria del libro. Lo que esa misma feria sepa ofrecerles después —el club de poesía, la ACTE, el autor canario emergente, el viejo Galdós o Alonso Quesada esperando en una mesa al fondo— es ya tarea de la programación municipal y, sobre todo, del azar fértil del paseo entre carpas. En esa promesa, modesta y obstinada, late la única razón por la que estas citas merecen seguir existiendo.


