«Quien no entiende que la geografía manda, no entiende la política», advertía Raymond Aron a propósito de las relaciones internacionales. Canarias, que lleva décadas proclamándose plataforma tricontinental sin acabar de desplegar las consecuencias prácticas de esa retórica, retoma esta semana los trabajos con su vecino marroquí más inmediato, la región de Souss Massa, en una visita institucional y empresarial prevista del 26 al 29 de abril.
La delegación, integrada por más de medio centenar de representantes del tejido empresarial, comercial, académico y deportivo de esa región del sur marroquí, llega encabezada por Karim Achengli, presidente del Consejo Regional de Souss Massa. Se trata, técnicamente, de un viaje de continuidad: da respuesta a la misión canaria que el pasado mes de enero visitó Agadir y que se cerró con la firma de diez acuerdos de colaboración y un memorando de entendimiento entre ambas administraciones regionales. Tres meses después, el Ejecutivo presidido por Fernando Clavijo confía en que aquellos compromisos superen la habitual coreografía diplomática y aterricen en proyectos concretos.
Conviene desbrozar el asunto: lo que está en juego no es un intercambio folclórico de delegaciones, sino la arquitectura de vecindad sur que el archipiélago venía prometiendo desde la reforma del Estatuto y que las instituciones europeas vienen exigiendo a las regiones ultraperiféricas en su condición de puente natural con el continente africano. El eje atlántico Europa-África deja de ser una etiqueta para empezar a tener calendario.
La agenda conocida por el Gobierno de Canarias concentra el grueso del trabajo institucional el lunes 27. Ese día está previsto el encuentro bilateral entre Clavijo y Achengli, seguido de una reunión plenaria entre ambos equipos. Por la tarde se celebrarán encuentros B2B orientados a poner en contacto a empresas canarias y marroquíes en los sectores que articulan el memorando: economía azul, sostenibilidad, digitalización, turismo, sector primario, gestión hídrica, transición energética y movilidad del talento académico. La delegación marroquí visitará además el Puerto de Las Palmas —pieza central de cualquier estrategia atlántica que se tome en serio a sí misma—, el Instituto Tecnológico de Canarias, instalaciones de gestión hídrica y varias universidades públicas.
El viceconsejero de Presidencia, Octavio Caraballo, resumió el fondo del encuentro al subrayar que «esa relación ya no se mueve solo en el ámbito institucional, sino que también se está reforzando en ámbitos tan diversos como el económico». La frase, prudente en la forma, contiene una tesis nada menor para quienes vienen leyendo el expediente: la cooperación con Souss Massa abandona la fase de declaraciones conjuntas y pretende convertirse en un flujo estable de negocio, inversión y formación cruzada.
No es un detalle menor a nuestros lectores, sobre todo si se recuerda que Souss Massa concentra buena parte de la pesca, el turismo y la agricultura intensiva del sur marroquí —sectores en los que Canarias se juega a la vez competencia y complementariedad—. La pregunta no es si ambos espacios van a relacionarse, porque lo hacen cada día con independencia del Boletín Oficial, sino si lo harán con marco institucional propio o quedará la relación al albur del humor cambiante de Rabat y Madrid.
Queda pendiente, eso sí, que el Ejecutivo canario concrete qué papel reserva a la Zona Especial Canaria, a la Autoridad Portuaria y a la red universitaria pública en la ejecución de los compromisos firmados en enero, más allá de las fotos protocolarias. El archipiélago no necesita más cumbres: necesita que las que ya se han celebrado produzcan algo medible antes de la próxima legislatura. La diplomacia de vecindad, como la política exterior seria, se mide en contratos, no en comunicados.


