Canarias

El Cabildo de La Palma lanza la Hipoteca Joven para facilitar la primera vivienda

El Cabildo de La Palma lanza la Hipoteca Joven para facilitar la primera vivienda

El Cabildo de La Palma activa la Hipoteca Joven: subvenciona tributos de la compraventa y media con la banca para que los jóvenes accedan a su primera casa.

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La luz de junio cae distinta sobre cada isla, pero la pregunta que se cuela por las ventanas de los pisos alquilados es la misma desde Famara hasta Tazacorte: ¿podrá esta generación quedarse en casa? El Cabildo de La Palma ha decidido responder con una herramienta nueva. Esta semana ha presentado la Hipoteca Joven La Palma, una iniciativa pensada para que los jóvenes palmeros no tengan que hacer las maletas cuando llega el momento de comprar su primera vivienda.

La medida, aprobada por el Consejo de Gobierno insular e incluida en el presupuesto de 2026, se articula en dos líneas complementarias. La primera consiste en una subvención directa que cubrirá los gastos derivados de los tributos asociados a la compraventa de la primera vivienda, ese mordisco fiscal que para muchas familias jóvenes es la barrera última, la que aparece cuando los ahorros ya están agotados en la entrada. La segunda es menos visible pero igual de relevante: un servicio de asesoramiento y mediación ante las entidades financieras para acompañar a los jóvenes en la gestión de la hipoteca y mejorar sus condiciones de acceso al crédito.

El presidente del Cabildo, Sergio Rodríguez, lo resumió en una frase que tiene más de declaración política que de tecnicismo: «Nuestro objetivo es que ningún joven palmero tenga que renunciar a comprar una casa en su isla por falta de recursos». Detrás de esa apuesta late algo que en las islas conocemos bien: el éxodo silencioso de quienes nacieron mirando un volcán, un risco o una caldera, y a los treinta años descubrieron que el mercado les empujaba fuera.

La Palma no es Lanzarote, pero las heridas se parecen. Aquí, en las islas orientales, llevamos años viendo cómo la vivienda vacacional desplaza a la residencial, cómo el alquiler de larga duración se convierte en una rareza y cómo los hijos de los conejeros emigran a Gran Canaria o a la Península porque no encuentran dónde echar raíces. Que un Cabildo —el órgano más cercano a la realidad insular— asuma como propia la batalla por la vivienda joven es una novedad institucional que merece atención. Hasta ahora, esa política se libraba sobre todo en los despachos del Gobierno autonómico y de los ayuntamientos.

La iniciativa palmera llega además con un componente simbólico que no se le escapa a nadie en el archipiélago. La isla bonita arrastra todavía el peso del volcán de Tajogaite, cuyas coladas sepultaron en 2021 centenares de viviendas en el valle de Aridane y forzaron desplazamientos que aún hoy no están plenamente resueltos. Cada plan de vivienda que se anuncia en La Palma se mide, inevitablemente, con esa vara: la del territorio que perdió su techo y todavía no lo ha recuperado.

Las bases de la convocatoria, sin embargo, no han hecho públicos todavía los detalles que más interesan a los posibles beneficiarios: la dotación económica concreta de cada línea, el rango de edad exigido para considerarse «joven» a efectos de la ayuda, el calendario de apertura del plazo de solicitudes y los requisitos específicos de residencia o de renta. El Cabildo ha emplazado a las personas interesadas a contactar directamente con la corporación para resolver dudas, a la espera de la publicación oficial.

Hasta entonces, queda la idea política. Y la idea política es importante. Desde Manrique aprendimos en Lanzarote que el paisaje no se defiende solo con leyes, sino fijando población que lo habite, lo entienda y lo respete. Una isla sin jóvenes es un malpaís cultural: un territorio donde la lava del abandono cubre poco a poco las raíces que tardaron siglos en crecer. La Palma, herida y reconstruyéndose, parece haber entendido que la primera batalla por su futuro no se libra solo en los terrenos donde aún humea el suelo, sino en las hipotecas que sus hijos no pueden firmar. Habrá que ver, cuando salgan las bases, si el dinero acompaña a la voluntad.


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Candelaria Acosta Cabrera "Cande"

Nací en Teguise en 1987. Escribo sobre Lanzarote y Fuerteventura desde una mirada identitaria y paisajística. Heredera del legado Manrique, lleva más de una década defendiendo la singularidad cultural y natural de las islas orientales.

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