El presidente del Cabildo de La Palma, Sergio Rodríguez, y el consejero insular de Agricultura, Ganadería, Pesca y Soberanía Alimentaria, Alberto Paz, se reunieron el pasado viernes 5 de junio con representantes y colectivos del subsector agrícola de la isla para abrir una vía de trabajo conjunto que convierta los descartes y restos vegetales del campo palmero en un recurso económico. El encuentro sentó las bases de un calendario estable de mesas de diálogo con las asociaciones agrarias.
Para los que no conocen esta tierra, conviene recordar que en la isla bonita el campo no es paisaje: es economía, es despensa y, desde aquel otoño de 2021 en que el volcán se llevó por delante fincas enteras en el valle de Aridane, también es un asunto sensible. La gestión de los restos vegetales —los racimos que no salen al mercado, las hojas que se acumulan en los bordes de las fincas, los descartes de la ganadería— se ha convertido en un problema doble: ambiental y fitosanitario. De ahí que la corporación insular haya decidido sentarse con el sector antes de mover ficha.
Plantas de valorización con capital privado
Durante el encuentro, el Cabildo puso sobre la mesa varias iniciativas privadas interesadas en implantar en La Palma plantas de tratamiento que valoricen estos residuos. La idea, según trasladó el equipo de gobierno insular, es que esas instalaciones procesen los materiales para obtener subproductos de alto valor añadido, susceptibles de ser distribuidos en el mercado local o de salir fuera de la isla.
Sergio Rodríguez defendió que el objetivo es «sacar un rendimiento económico directo a unos recursos que hasta ahora se desperdiciaban». La fórmula, sostuvo, debe servir para diversificar la economía agraria y generar lo que en el lenguaje europeo se denomina empleo verde, sin que el agricultor cargue con el coste de gestionar lo que sobra.
Alberto Paz, por su parte, planteó la cuestión desde el lado del productor. Se trata, dijo, de «facilitar canales ágiles, limpios y rentables para que el agricultor entregue sus residuos», de modo que la entrega no se perciba como una obligación añadida sino como una salida útil. El consejero insistió en que cualquier tecnología que se acabe implantando tendrá que responder a las necesidades reales de quienes trabajan la tierra y no al revés.
La pica, el otro frente
El encuentro tuvo además un trasfondo fitosanitario que en el campo palmero se conoce de sobra. El abandono de restos orgánicos en los márgenes de las fincas favorece la proliferación de plagas —entre ellas la conocida como pica— que después saltan a los cultivos colindantes y obligan a tratamientos que el pequeño agricultor no siempre puede asumir. Retirar y valorizar esos restos, en lugar de dejarlos pudrir al sol, es también una forma de reducir el riesgo para las plataneras y para el resto de cultivos del valle y de la vertiente norte.
El Cabildo se comprometió a mantener mesas de diálogo periódicas con las asociaciones agrarias para acompasar la entrada de los proyectos privados al ritmo del sector y para garantizar que las nuevas tecnologías respondan a necesidades reales de los productores. La hoja de ruta queda abierta, sin plazos concretos sobre la mesa, pero con la voluntad expresada por ambas partes de que el campo palmero deje de ver los restos como un estorbo y empiece a verlos como lo que pueden llegar a ser: materia prima.
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