Cambiaron las reglas del cubo blanco. El Centro de Arte Juan Ismael (CAJI), en Puerto del Rosario, acaba de abrir la convocatoria de «La Valla», un proyecto que convierte la valla publicitaria de 8×3 metros que hay frente al museo en un soporte de arte contemporáneo. Ni anuncio de coche. Ni oferta del súper. Arte. A tamaño cartel. En plena calle.
La idea la presentó este martes el consejero de Cultura del Cabildo de Fuerteventura, Rayco León, que define la valla como un «dispositivo de reflexión crítica» sobre lo urbano. Traducido del lenguaje institucional: el museo sale a la acera y obliga al que pasa —con la bolsa del súper o con el perro— a mirar.
Cómo funciona
La convocatoria está abierta hasta el 15 de mayo y seleccionará tres proyectos, elegidos por un comité de cuatro profesionales de la cultura. Cada intervención ocupará la valla entre dos y cuatro meses, así que lo que se vea en la calle Almirante Lallemand irá rotando a lo largo del año.
Pueden presentarse artistas visuales, fotógrafos, colectivos y creadores en general. La idea es que la obra dialogue con el espacio público: fotografía, documental, conceptual o propuestas híbridas. Todo lo que quepa —visual y conceptualmente— en un rectángulo de ocho por tres.
El expediente que piden no es poca cosa: dossier de máximo cinco páginas, marco conceptual de hasta mil palabras, propuesta concreta de adaptación a la valla, un plan de actividades paralelas dentro del CAJI y CV o portfolio. El jurado valorará fortaleza conceptual, diálogo con lo urbano, calidad formal, viabilidad técnica y capacidad de mediación crítica. Nada de decorativo sin más.
Qué se lleva el artista
El Cabildo cubre honorarios, producción, impresión, transporte y alojamiento. Es decir: no es una de esas convocatorias de «visibilidad» que pagan con aplausos. Hay presupuesto para hacer la obra y para que quien la firme pueda estar en la isla mientras se monta.
Por qué importa
El arte contemporáneo vive con un problema crónico: habla a un público que ya está dentro del museo. «La Valla» le da la vuelta al asunto. La obra no espera al espectador; se le planta delante. Funciona para quien entra al CAJI, sí, pero sobre todo para quien nunca entraría. Ese vecino que cruza Almirante Lallemand camino del trabajo y que, durante unos meses, va a tener una pieza contemporánea a tamaño valla publicitaria en su retina.
En una Fuerteventura donde el paisaje visible lo marcan sobre todo los carteles del negocio turístico, meter arte en ese mismo formato es casi un gesto político. Y el CAJI lo sabe.
Las bases completas están en culturafuerteventura.es y las propuestas se envían a caji@cabildofuer.es. Si conocen a algún artista canario con proyecto de espacio público guardado en el cajón, díganselo: esta es la convocatoria. Merece la pena intentarlo.


