El viento del noreste raspa las dunas de Corralejo y empuja la sal tierra adentro, hasta la capital majorera. Faltan semanas para que la temporada alta tense de nuevo los aforos de una Fuerteventura que cada verano se asoma al límite de lo que su litoral puede absorber. En ese calendario prealerta, el Ayuntamiento de Puerto del Rosario ha formalizado el nuevo contrato de vigilancia, salvamento y socorrismo para sus playas, con el propósito de llegar con los medios ya desplegados antes de que el pulso veraniego arranque del todo.
El acta se firmó el pasado jueves 16 de abril, un gesto administrativo que, en una isla donde el mar es a la vez sustento y amenaza, nunca es menor. La adjudicataria del servicio será la empresa Pro-Activa Serveis Aquàtics S.L., encargada de desplegar personal y equipamiento en los arenales con bandera del municipio. El Consistorio no ha detallado el importe final ni la plantilla concreta de socorristas, pero sí ha subrayado la orientación del nuevo pliego: «mayor dotación de personal cualificado, equipamiento actualizado y recursos materiales adaptados», según la descripción facilitada por el propio Ayuntamiento.
La novedad de más calado está en el calendario. Los Molinos, una de las playas más queridas por los majoreros —y una de las más expuestas a las corrientes de poniente—, duplicará los meses de vigilancia: pasa de cuatro a ocho meses de cobertura, un salto notable en un arenal que, precisamente por su carácter natural y su difícil acceso, concentra más riesgos de los que aparenta. En Playa Blanca, el entorno urbano más utilizado por la población residente de la capital, también se amplía el periodo, aunque el Consistorio no ha concretado los meses exactos que quedan cubiertos en el nuevo contrato.
El alcalde de Puerto del Rosario, David de Vera, defendió la decisión con un marco nítido. «Hablar de socorrismo es hablar de protección y de responsabilidad pública. Este servicio es esencial», señaló tras la firma del acta. La concejala responsable del área, Toñi Fernández Aragón, insistió en que el nuevo pliego no es solo una extensión de fechas sobre el papel: «Este nuevo contrato no solo amplía los tiempos de vigilancia, sino que introduce mejoras importantes en la calidad del servicio».
La cuestión no es menor en un municipio que, como el resto de la isla, lleva años asumiendo cifras de visitantes que crecen sin que siempre lo hagan, al mismo ritmo, los recursos de seguridad en el litoral. El refuerzo del salvamento en las playas con bandera llega en un contexto en el que buena parte de los cabildos y ayuntamientos canarios se replantean cómo sostener los servicios públicos esenciales en costas que, durante los meses centrales del año, reciben poblaciones flotantes varias veces superiores a las del padrón.
Queda por conocer el detalle fino: el número exacto de socorristas asignado por turno, el calendario pormenorizado de cada punto de vigilancia, la dotación de embarcaciones y vehículos, y el importe final de la adjudicación. El Ayuntamiento no los ha hecho públicos en la comunicación inicial. Son datos que suelen aflorar en los boletines de contratación pública en las semanas posteriores a la firma y que permitirán medir, ya con cifras encima de la mesa, si el compromiso anunciado se traduce en un servicio a la altura de un litoral que, como tantas veces, funciona como principal aval turístico del municipio y como espacio cotidiano de sus vecinos.
Esta isla no se entiende sin sus playas —ni sin el respeto antiguo que los pueblos del mar guardan a un Atlántico que los majoreros conocen como pocos—. Que el socorrismo llegue antes, se quede más meses y se despliegue con más manos es, en ese sentido, una manera de cuidar algo más que los aforos de verano: es cuidar una memoria de costa que se mide en vidas.



