El bote del balón contra el parqué del Pabellón Insular de La Vega de San José suena igual para todos. Esa es, quizá, la primera idea que sostiene el Proyecto Nexo, la iniciativa con la que el CB Gran Canaria emplea el baloncesto como herramienta de inclusión e integración social de menores migrantes no acompañados tutelados por la Dirección General de Protección a la Infancia y las Familias del Gobierno de Canarias.
El programa, que mantiene su ritmo semanal, se reúne los lunes y los miércoles en el pabellón de La Vega de San José. Allí acuden chicos de varios centros de menores repartidos por la isla: Tomás Morales y Los Hoyos, en la capital; Nexus, en La Aldea de San Nicolás; Finca Ventura, en Teror, y Tirajana II, en San Bartolomé de Tirajana. Son kilómetros de guagua, varios municipios de diferencia y, al final, una misma cancha.
Una red que cose con balón
El Nexo no es una actividad puntual. El club lo sostiene con el apoyo de la Viceconsejería de Bienestar Social del Ejecutivo canario y de la Fundación DISA, y se apoya también en los jóvenes jugadores becados que residen en el propio pabellón. Ellos, habituados a la rutina de la cantera amarilla, comparten pista con los menores tutelados, un detalle que convierte cada sesión en algo más parecido a un entrenamiento mixto que a una clínica asistencial.
Más allá del resultado: aquí no hay marcador. Hay calentamiento, ejercicios de técnica individual, tiro libre, partidillos. Y hay, sobre todo, el ejercicio menos mesurable de todos, el de compartir un idioma deportivo común cuando el idioma cotidiano todavía se está aprendiendo.
El baloncesto como lengua franca
La apuesta del club por este modelo no es nueva, aunque ha ido tomando cuerpo. La fórmula —baloncesto, menores tutelados, centros repartidos por Gran Canaria, entidad deportiva ACB como paraguas— coloca al CB Gran Canaria en el pequeño grupo de clubes profesionales españoles que han integrado la inclusión social dentro de la propia estructura deportiva, y no como campaña aislada.
El planteamiento conecta con una tendencia cada vez más asentada en la gestión deportiva: el club como agente comunitario. En un archipiélago que ha sido puerta de entrada migratoria durante los últimos años, que una entidad como el CB Gran Canaria destine sus instalaciones dos tardes por semana a menores llegados a la isla sin referentes familiares tiene, además del componente deportivo, una lectura de política pública.
Lo que se queda en el pabellón
Cada convocatoria del Nexo comparte un mismo esqueleto: recogida en los centros, traslado al pabellón, sesión en pista y regreso. Los protagonistas son los menores; la supervisión técnica la asume el club; el marco institucional lo dan Bienestar Social del Gobierno de Canarias y la Fundación DISA. La actividad no tiene competición, ni liga, ni trofeo final. La métrica es la asistencia sostenida y la continuidad semana a semana en La Vega de San José.
A falta de que las instituciones implicadas publiquen una memoria actualizada con cifras concretas de participantes y resultados medibles, el Proyecto Nexo sigue operando con la constancia de cualquier grupo de entrenamiento: dos sesiones a la semana, misma cancha, mismo bote contra el parqué. La próxima cita, el lunes.



