Cultura

Santa Cruz redescubre a Tanja Tamvelius: memoria y color en el Museo de Bellas Artes

El Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife dedica una exposición a Tanja Tamvelius, abierta hasta el 7 de junio, sobre memoria, color y exilio.

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«Toda obra es, antes que nada, un mapa», escribió Sebald a propósito de Stendhal: una geografía interior trazada con los materiales del recuerdo. Esa imagen se impone al recorrer la exposición que el Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife inauguró el pasado 24 de abril bajo el título Cartografías de la memoria y del color, dedicada a la artista Tanja Tamvelius (1914/1918-1969) y abierta al público hasta el 7 de junio.

La muestra, comisariada por Katarzyna Zych Zmuda y Yolanda Peralta Sierra, plantea precisamente eso: una cartografía. No la de un paisaje físico, sino la de los desplazamientos, vínculos y memorias que conectan cuatro estaciones biográficas y artísticas — Estonia, Suecia, París y Tenerife —, cuatro coordenadas que dibujan un itinerario europeo del siglo XX cuya última escala, no menor, fue la capital tinerfeña. Considero que esta vocación de itinerario es uno de los aciertos conceptuales del proyecto: en lugar de presentar a Tamvelius como figura aislada, la sitúa en el centro de una red de afinidades transeuropeas.

El proyecto expositivo parte de una circunstancia museográfica significativa. El Museo de Bellas Artes custodia en sus fondos dos piezas de Tamvelius, núcleo en torno al cual se ha construido la muestra; pero el trabajo de las comisarias ha consistido, justamente, en ampliar ese núcleo mediante la localización de obra dispersa en colecciones públicas y privadas — tarea, por cierto, en la que las redes sociales han desempeñado un papel inesperado de archivo paralelo —, así como mediante la incorporación de documentación, archivos y material audiovisual. Ese gesto, el de reconstruir un corpus a partir de fragmentos, es coherente con el espíritu de la pintora y con el propio título de la exposición: la memoria, como el color, se compone de capas, transparencias y veladuras.

El alcalde de Santa Cruz, José Manuel Bermúdez, subrayó en la presentación que la muestra «refuerza el papel de Santa Cruz como ciudad que investiga, conserva y pone en valor su patrimonio artístico», una declaración que, más allá del fraseo institucional habitual en estos actos, conviene tomar en serio: el patrimonio no se conserva solo custodiando, sino contextualizando. Por su parte, el concejal del área, Santiago Díaz Mejías, destacó el «carácter innovador» del trabajo realizado por el equipo curatorial, en una línea — la de la investigación museográfica — que no siempre encuentra el respaldo presupuestario que merece en nuestras instituciones.

Tamvelius, cuya fecha de nacimiento aparece consignada con la prudente vacilación que imponen los archivos de su tiempo (1914 o 1918, según las fuentes), pertenece a esa estirpe de creadoras europeas que entendieron el siglo XX como un ejercicio forzoso de tránsito. Su vinculación con Tenerife — escala última de un periplo iniciado en el Báltico y consolidado en París — es uno de esos capítulos menores y luminosos de la historia cultural insular que la exposición se propone, con razón, sacar de la nota a pie de página y devolver al cuerpo del relato. No sé si me explico: hablamos de la posibilidad de leer la historia del arte canario también en clave de acogida, de hospitalidad estética, de archipiélago como punto de llegada y no únicamente de partida.

La programación complementaria refuerza esa voluntad de profundización. Los días 16 y 17 de mayo se celebrarán visitas guiadas, y el 4 de junio, a las 19:00 horas, se presentará el catálogo de la muestra, pieza editorial llamada — si la práctica habitual no falla — a fijar buena parte del estado actual de los estudios sobre la artista.

Quedan algo más de cuarenta días para visitarla. Tiempo suficiente, en cualquier caso, para comprobar si el color, ese lenguaje que Tamvelius manejó como otros manejan la sintaxis, sigue siendo capaz de hablarnos desde el otro lado del siglo.


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Héctor Brito Caballero

Nací en Las Palmas de Gran Canaria en 1975. Soy crítico cultural desde hace un cuarto de siglo. Doctor en Literatura por la ULPGC, dedica su escritura a tender puentes entre la tradición canaria y la cultura universal.

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