Cultura

Las Niñas de Cádiz traen a Ingenio ‘El viento es salvaje’, su Fedra y Medea en clave gaditana

Las Niñas de Cádiz traen a Ingenio 'El viento es salvaje', su Fedra y Medea en clave gaditana

La compañía gaditana lleva el viernes 15 de mayo al Centro Cultural Federico García Lorca su premio MAX 2020 dentro del XXX Festival de Teatro Cómico.

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Decía George Steiner que la tragedia jamás ha muerto del todo: se desliza por los pliegues de la modernidad, cambia de máscara, se disfraza incluso de comedia. Algo de eso —de ese pulso antiguo bajo ropajes nuevos— trae a Ingenio la compañía gaditana Las Niñas de Cádiz, que el próximo viernes 15 de mayo, a las 20:30, sube al escenario del Centro Cultural Federico García Lorca su celebrado El viento es salvaje, dentro del XXX Festival Internacional de Teatro Cómico de la Villa de Ingenio.

La pieza, premio MAX al Espectáculo Revelación en 2020, es una recreación libre de dos de las figuras femeninas más vehementes de la tradición clásica: Fedra y Medea, despojadas de sus túnicas helénicas y devueltas a la calle como seres grises, casi vecinales, que de pronto, al chocar con el conflicto, son arrastradas por una fatalidad antiquísima que arrasa cuanto encuentran a su paso. La compañía no propone, conviene aclararlo, una arqueología erudita del mito: lo que ofrece es una traslación —en verso— a un Cádiz de perfil mágico-realista, ese Cádiz macondiano donde el viento de levante —anunciado por la flauta del afilador—, la presencia de un circo en las afueras de la ciudad, los cantos de los pájaros y el coro de las vecinas funcionan como augurios siniestros y, al tiempo, como puro disfrute escénico.

El título, no se olvide, está tomado de una canción de Nina Simone, y conviene retener el dato porque dice mucho de la poética del montaje: una tragedia atravesada por la música y por la risa, por lo que la propia compañía describe como una reflexión lúdica y jonda sobre la suerte, los celos, la culpa, las pasiones y los amores prohibidos. Hay en ello —no sé si me explico— una intuición muy antigua y muy actual: que toda historia terrible puede deslizarse hacia la comedia y que, a la inversa, en todo arranque de humor late siempre un fondo trágico. Eurípides, conviene recordarlo, ya jugaba con esa frontera; lo que hacen Las Niñas de Cádiz es traerla al sur y darle voz de patio.

La obra, que se ha visto en circuitos tan dispares como el Teatro Lope de Vega de Sevilla, el Teatro Alhambra de Granada o el Teatro del Barrio de Madrid, llega ahora a Gran Canaria en una de las citas más asentadas de la programación escénica insular. El Festival Internacional de Teatro Cómico de Ingenio cumple este año tres décadas: se desarrolla del 27 de marzo al 7 de junio en el Centro Cultural Federico García Lorca y está organizado por el Ayuntamiento de Ingenio, a través de la Concejalía de Cultura, con la colaboración del Cabildo de Gran Canaria. Una resistencia digna de mención: que un municipio del sureste grancanario sostenga, edición tras edición, un certamen internacional dedicado específicamente a la comedia es, en el actual paisaje cultural canario, algo más que una efeméride; es un argumento a favor de la cultura municipal bien entendida.

La programación de esta trigésima edición combina nombres muy populares —Santi Rodríguez junto a Abián Díaz, Luis Piedrahita, Jorge Ávila, Darío López, Facu Díaz y Miguel Maldonado con su pódcast Quieto todo el mundo— con apuestas de mayor calado dramatúrgico, entre las que la propuesta de Las Niñas de Cádiz ocupa, a mi juicio, un lugar privilegiado: pocas compañías españolas son hoy capaces de manejar con semejante soltura el verso clásico y el chiste de barrio, la cita erudita y la copla.

Las entradas pueden adquirirse a través de la plataforma tureservaonline.es. Quien acuda al García Lorca el viernes encontrará, si la compañía hace lo de costumbre, una función incómoda y luminosa al tiempo: el espectador ríe y, mientras ríe, advierte que detrás del chiste asoma un cuchillo. Acaso ese sea, en última instancia, el verdadero parentesco entre el teatro de Las Niñas de Cádiz y la mejor tradición trágica: la sospecha, nunca del todo confesada, de que la risa también puede ser una forma de duelo.


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Héctor Brito Caballero

Nací en Las Palmas de Gran Canaria en 1975. Soy crítico cultural desde hace un cuarto de siglo. Doctor en Literatura por la ULPGC, dedica su escritura a tender puentes entre la tradición canaria y la cultura universal.

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