Las aceras de Tacoronte amanecen estos días con la misma estampa de siempre: papeles atrapados en los alcorques, hierbajos crecidos contra el bordillo y la sensación, en algunos barrios, de que el cepillo pasa cuando pasa. Esa imagen, reconoce ahora el propio Ayuntamiento, es la que pretende cambiar la modificación contractual que la Comisión Ejecutiva de la Mancomunidad del Nordeste acaba de aprobar.
Los números lo dicen claro: la plantilla destinada al servicio de limpieza viaria pasa de 12 a 34 operarios, un incremento del 183%. Según la documentación difundida por la propia Mancomunidad, la operación tiene un coste de 892.906 euros para Tacoronte y de 1.220.578 euros en su cómputo global, una vez sumada la parte que corresponde a Santa Úrsula, el otro municipio que el ente comparte en esta modificación. El reajuste se hace sobre el contrato vigente con la UTE formada por Urbaser S.A. y Martínez Cano Canarias S.A., adjudicado en noviembre de 2023 y con vigencia hasta 2030.
El refuerzo no es solo cuantitativo. El detalle del nuevo dimensionamiento incluye ocho barrenderos manuales adicionales y un equipo específico de doce operarios de desbroce con dos supervisores al frente, una pieza pensada para atacar el problema endémico de la maleza en cunetas, solares y entradas de barrio. A esto se añade la ampliación de la cobertura a domingos y festivos en las zonas costeras —donde el peso turístico y de segunda residencia hace que la basura no entienda de calendarios laborales— y, en el caso de Santa Úrsula, un servicio nocturno para la recogida de enseres voluminosos.
La alcaldesa de Tacoronte y presidenta de la Comisión Ejecutiva de la Mancomunidad, Sandra Izquierdo, defendió el acuerdo con un argumento tan político como funcional. Con el nuevo despliegue, sostuvo, «podremos revertir la mala imagen que presentaban algunas zonas de la ciudad, garantizando un mantenimiento más eficaz». El reconocimiento es relevante porque, en sí mismo, equivale a admitir que el contrato firmado hace menos de dos años se había quedado corto para el volumen real de trabajo. La gestión operativa del servicio recae sobre el segundo teniente de alcalde, José Caro, responsable del área de Servicios Municipales.
La fórmula elegida —modificar el contrato existente en lugar de sacar una nueva licitación— acorta los plazos y permite que el refuerzo se note «de manera progresiva en las próximas semanas», según el calendario manejado por el Consistorio. También blinda la relación con la UTE adjudicataria hasta 2030, un horizonte que arrancó con el contrato original en 2023 y que ahora se cierra con un servicio sustancialmente más caro y más numeroso del previsto al inicio.
La cifra final invita, en cualquier caso, a una lectura menos triunfal. Triplicar la plantilla a mitad de recorrido contractual no es exactamente un alarde de planificación: es la corrección de un cálculo que se hizo mal en origen, o la respuesta a una realidad —turismo de costa que no para los domingos, desbroce permanentemente desbordado, núcleos rurales con servicios mínimos— que el pliego original no terminó de dimensionar. La factura del ajuste, casi 900.000 euros adicionales solo para Tacoronte, la pagará el contribuyente del nordeste tinerfeño.
Queda por ver si los 22 operarios extra se traducirán en aceras visiblemente más limpias o si, como ocurre tantas veces con los contratos de servicios externalizados, el refuerzo se diluirá entre rotaciones, bajas y reparto de tareas. La Mancomunidad apuesta por lo primero; el vecino que cada mañana baja a la guagua mirando el suelo tendrá la última palabra.
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