Tenerife

Un estudio de la ULL prevé que Canarias perderá hasta el 75% del agua a final de siglo

Una investigación de la Universidad de La Laguna proyecta que El Hierro perderá entre el 50% y el 75% de sus recursos hídricos antes de 2100.

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Un estudio de la ULL proyecta que Canarias perderá hasta el 75% del agua disponible a finales de siglo por el cambio climático

Los recursos hídricos de Canarias se enfrentan a un horizonte sombrío. Un equipo de la Universidad de La Laguna ha publicado la proyección más detallada hasta la fecha sobre la disponibilidad de agua en el archipiélago bajo el escenario del cambio climático, y los resultados, lejos de matizar las alarmas previas, las confirman con una precisión incómoda: islas como El Hierro pueden perder entre el 50% y el 75% de sus recursos hídricos naturales antes de que termine el siglo, mientras que Tenerife se acercaría a una merma del 50%.

El estudio, coordinado por el catedrático del Departamento de Ingeniería Agraria y Medio Natural Juan Carlos Santamarta Cerezal, ha sido publicado en la revista Environmental Monitoring and Assessment y constituye, según la propia institución académica, la radiografía hídrica más fina realizada hasta ahora del archipiélago. Los investigadores han adaptado la técnica FICLIMA para traducir los modelos climáticos globales del Sexto Informe del IPCC a una escala local con resolución de 100 metros, una malla tan ajustada que permite distinguir el comportamiento de microclimas dentro de un mismo municipio.

Tres ventanas hasta 2100

El trabajo proyecta el balance hídrico en tres horizontes temporales: un corto plazo (2021-2050), un medio plazo (2040-2070) y un largo plazo (2071-2100). La progresión es, en todos los escenarios, descendente. El Hierro encabeza la clasificación de vulnerabilidad, con pérdidas estimadas de entre el 50% y el 75% al final del siglo. Tenerife rondaría el 50%, lo que en términos absolutos equivale a entre 50 y 100 milímetros menos de agua disponible. Gran Canaria afronta un escenario aún más comprometido en sus zonas medias y bajas, donde las reservas, ya limitadas a las cumbres, podrían quedar prácticamente agotadas. Fuerteventura y Lanzarote, por su parte, no parten de una situación holgada: ambas presentan en el punto de salida un balance hídrico extremadamente bajo, lo que reduce el margen de maniobra frente a cualquier alteración del régimen de precipitaciones.

Turismo, agricultura y la dependencia de la desalación

Conviene recordar que Canarias es ya, hoy, una de las regiones del mundo más dependientes de la desalación. La singularidad del estudio reside en que cruza esa fragilidad estructural con la presión creciente de dos sectores intensivos en consumo de agua: el turismo y la agricultura. Los autores los identifican como sectores muy demandantes y advierten de una creciente competencia por el recurso que, en ausencia de planificación, tensionará los equilibrios insulares.

El equipo propone un paquete de medidas que combinan tecnología, gestión y cooperación territorial: ampliar la desalación integrándola con energías renovables —para evitar trasladar el problema hídrico al frente energético—, introducir sistemas de riego más eficientes y promover cultivos resistentes a la sequía, planificar de forma integrada el crecimiento turístico atendiendo a la huella hídrica de cada nuevo desarrollo y, finalmente, articular mecanismos de cooperación entre islas. A todo ello se suma la recomendación de incorporar la resiliencia climática como criterio transversal en los planes hidrológicos insulares, hoy competencia de los respectivos consejos insulares de aguas.

Una conversación pendiente

La proyección de la ULL aterriza en un debate público que el archipiélago no ha querido afrontar con la profundidad que merece. La emergencia hídrica declarada en Tenerife el pasado año y los avisos reiterados de los consejos insulares de aguas habían apuntado en la misma dirección, pero el trabajo de Santamarta y su equipo ofrece, por primera vez, un mapa de alta resolución sobre el que es posible planificar con rigor. Que la conversación derive ahora hacia la ordenación turística, la reconversión del regadío o el modelo energético de la desalación dependerá menos de la ciencia, que ya ha hecho su parte, que de la voluntad de las administraciones competentes para asumir que el agua, en estas islas, ha dejado de ser un asunto técnico para convertirse en una cuestión de modelo.


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Elena Bello Rodríguez

Nací en La Laguna en 1990. Escribo sobre cultura, educación y la vida municipal de la comarca norte de Tenerife. Formada en Periodismo y Filología por la ULL, aporta una mirada reposada y literaria.

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