# Un estudio de la ULL identifica 146 especies de abejas silvestres en Canarias, 24 más de lo conocido
David Lugo y Daniel Suárez llevaban años persiguiendo abejas por barrancos y malpaíses. Buscaban insectos diminutos, muchos de ellos solitarios, casi siempre invisibles para quien no sabe mirar. El catálogo con el que trabajaban —el último realizado en Canarias— databa de 1990 y enumeraba 122 especies. Hoy, junto a sus compañeros del grupo de investigación de la Universidad de La Laguna y una colaboradora de la Universidad de Murcia, publican una cifra nueva: 146 especies de abejas silvestres en el archipiélago, 24 más de las que se conocían.
El trabajo aparece este 17 de junio en la revista científica Zootaxa y constituye el primer inventario exhaustivo de la apifauna canaria desde hace más de tres décadas. Lo suscriben los investigadores de la ULL David Lugo, Daniel Suárez, Gustavo Peña, Francisco La Roche y Carlos Ruiz, junto con Pilar de la Rúa, de la Universidad de Murcia.
Tres especies nuevas y sesenta endemismos
El catálogo documenta por primera vez la presencia en Canarias de tres especies: Lasioglossum medinai, Seladonia gemmea y Sphecodes rubripes. Junto a ellas, el estudio confirma 63 nuevos registros de distribución, ampliando el mapa conocido de la apifauna isla por isla.
Del total, 60 especies son endémicas del archipiélago —no viven en ningún otro lugar del planeta—, a las que se suman 42 subespecies también endémicas. Una proporción que sitúa a las islas entre los focos europeos más relevantes de diversidad de abejas silvestres.
El análisis biogeográfico divide la fauna en tres grandes grupos, asociados a las islas orientales —áridas y antiguas—, las centrales —extensas y con mayor heterogeneidad de hábitats— y las occidentales —recientes y más húmedas—. Aproximadamente un 20% de las especies tienen afinidad paleártica; otras mantienen una conexión clara con la fauna africana, particularmente visible en Lanzarote y Fuerteventura.
Las colecciones del MUNA y miles de fotos en iNaturalist
La metodología combina dos mundos que pocas veces se cruzan. Por un lado, las colecciones biológicas históricas, en especial los fondos del Museo de Naturaleza y Arqueología (MUNA) de Santa Cruz de Tenerife, donde reposan ejemplares capturados hace décadas. Por otro, más de 8.000 registros de ciencia ciudadana procedentes de la plataforma iNaturalist, validados uno a uno por especialistas.
Aficionados a la fotografía de naturaleza, senderistas, vecinos que retratan a un insecto en el jardín: ese material disperso, subido por miles de personas anónimas, ha permitido reconstruir la distribución actual de especies que de otro modo seguirían siendo invisibles para la ciencia. El estudio sitúa así a la ciencia ciudadana como una herramienta de conservación en pleno derecho, no como complemento decorativo.
Dos especies sin rastro en cuatro décadas
No todo son buenas noticias. El catálogo advierte de que dos especies no se han observado en más de cuarenta años. No hay registro fotográfico reciente, ni capturas, ni avistamientos verificados. Pueden haber desaparecido o sobrevivir en poblaciones tan pequeñas y localizadas que escapan al ojo humano.
La evaluación se ha realizado siguiendo los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el estándar internacional que jerarquiza el riesgo de extinción. En un archipiélago donde el endemismo es la norma y la fragmentación del hábitat avanza con cada nueva carretera, urbanización o cultivo intensivo, perder una especie de abeja silvestre no es solo perder un insecto: es perder al polinizador específico de plantas que tampoco existen en ningún otro lugar.
Por qué importan las abejas que nadie ve
Cuando se habla de abejas se piensa casi siempre en la Apis mellifera, la abeja de la miel, doméstica y gestionada en colmenas. Las 146 especies catalogadas aquí son otra cosa: en su mayoría son abejas solitarias, sin colmena, sin reina, sin miel comercial. Construyen nidos individuales en el suelo, en troncos secos, en muros de piedra. Polinizan tabaibas, cardones, leguminosas endémicas, flora silvestre que sostiene los ecosistemas insulares.
Detrás de cada una de esas 146 fichas hay una pieza del entramado biológico que hace que Canarias sea Canarias. ¿Cuántas seguirán ahí dentro de otros treinta y seis años, cuando alguien decida actualizar de nuevo el catálogo?
Transparencia editorial. Esta pieza ha sido redactada con asistencia de inteligencia artificial bajo supervisión editorial de NewsClip. Consulta nuestra política IA y la información legal del medio.



