«Articular históricamente el pasado —escribió Walter Benjamin en una de sus tesis más citadas— no significa conocerlo tal y como verdaderamente ha sido, sino adueñarse de un recuerdo que relampaguea en un instante de peligro». De ese relámpago, y no de la certeza, parece nutrirse Notas al pie, la exposición que el dúo Cabello/Carceller inauguró el pasado 17 de abril en el TEA Tenerife Espacio de las Artes y que permanecerá abierta hasta el próximo 5 de julio. La muestra, con entrada gratuita y comisariada por el director artístico del centro, Sergio Rubira, con la asistencia curatorial de Daniasa Curbelo, confirma al TEA como uno de los espacios de arte contemporáneo más atentos del archipiélago a los debates en curso fuera de nuestras fronteras.
La propuesta de Helena Cabello y Ana Carceller —artistas que trabajan en pareja desde los años noventa y cuya práctica, interdisciplinar, transita el vídeo, la instalación, la performance, la fotografía y la escritura— consiste, al cabo, en una operación de lectura: volver sobre la historia oficial para detenerse en sus renglones menores, en las anotaciones a pie de página donde se agazapan los sujetos imprevistos. El recorrido se articula en torno a cinco piezas. Abre Una voz para Erauso. Epílogo para un tiempo trans, dedicada a Catalina de Erauso, la monja vasca que vivió como soldado en las Indias; prosigue con A/O (Caso Céspedes), sobre Elena/o de Céspedes, la persona esclavizada que el Santo Oficio juzgó en el siglo XVI; incluye Bailando El género en disputa —cuya referencia al libro de Judith Butler no necesita glosa— y Donde todos son culpables, nadie lo es (After Hannah Arendt); y culmina con El jardín imposible de Tefía. Prólogo para un campo de concentración, producción inédita que devuelve la mirada sobre la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, en Fuerteventura, donde el franquismo recluyó entre 1954 y 1966 a homosexuales y disidentes.
No es este un dato menor. Que una exposición internacional aterrice en Tenerife con una obra nueva sobre Tefía —sobre esa vergüenza majorera que durante décadas nadie quiso nombrar— dice algo sobre la madurez del TEA como interlocutor y, me atrevo a afirmar, sobre la necesidad de que las instituciones canarias asuman la parte de memoria incómoda que les corresponde. Las artistas lo explicaron en la inauguración con una fórmula sobria: «Lo que nos interesa es conectar pasado con futuro, rescatar también ese pasado, lo que nos sirve para entendernos porque si no muchas veces no sabes de dónde vienes».
Rubira, por su parte, desactivó la tentación del relato heroico: «No creo que consista en construir un canon o un nuevo canon, sino también cómo esos personajes se convierten en el espejo con el que dialogan otros personajes, que rompen las normas, las etiquetas, las clasificaciones». La distinción importa. Frente al impulso contemporáneo de sustituir un panteón por otro, Notas al pie se conforma con tensionar el existente: introducir dudas, desplazar miradas, dejar que las memorias resistentes sigan siéndolo. El consejero insular de Cultura y Museos, José Carlos Acha, subrayó lo evidente a quien recorra la muestra: «La poética que se desarrolla a lo largo de la exposición es muy sentida, muy emocional y llena de metáforas».
La trayectoria de Cabello/Carceller avala la apuesta. Las artistas, docentes en la Universidad de Castilla-La Mancha y finalistas en 2024 del Premio Fundación MACBA, han expuesto en el propio MACBA, en el Centre Pompidou, en la Bienal de Venecia y en el Brooklyn Museum: literatura, vídeo, performance, todo converge aquí en una gramática que hace de la identidad no un dato, sino una pregunta. No sé si me explico: lo que propone esta exposición no es una historia nueva, sino una forma distinta de leer la que creíamos sabida. Queda al visitante, de martes a domingo entre las diez y las veinte horas, decidir si acepta o no el envite.



