Hay fotografías que aspiran a ser documento y otras que se conforman con ser estampa: la muestra EXPO BRILIB XLIII, que desde hoy acoge la Sala de Exposiciones del Cabildo Insular de La Gomera, se sitúa en esa frontera incómoda donde el reportaje castrense busca, no siempre con fortuna, dialogar con la fotografía humanista. El visitante que se acerque a San Sebastián de La Gomera en las próximas semanas tendrá ocasión de comprobar por sí mismo de qué lado de la balanza se inclina el conjunto.
La exposición, organizada por el Museo Histórico Militar de Canarias en colaboración con el Cabildo gomero, rinde tributo a la Brigada Líbano XLIII, unidad desplegada desde 2025 en el sur del Líbano como parte integrante de la misión de paz de Naciones Unidas —la vieja UNIFIL, cuya presencia en la frontera azul data, conviene recordarlo, de 1978—. La inauguración contó este martes con la presencia del general de brigada Ignacio José Boudet Marín, jefe de la Quinta Subinspección General del Ejército en Canarias; el presidente del Cabildo, Casimiro Curbelo; el coronel Santiago Marín Velázquez, jefe del Centro de Historia y Cultura Militar del Museo Almeyda; y el capitán de artillería Abel González Colmenero, al frente de la Unidad de Apoyo a la Proyección Cristóbal Colón.
El montaje se articula en seis bloques temáticos que recorren paisajes, retratos de la población local y escenas de la vida cotidiana de la tropa: una arquitectura expositiva que, sobre el papel, remite a una tradición noble —pienso en la herencia de la fotografía de posguerra europea, en aquellos reporteros que entendieron que la guerra se cuenta mejor desde la pausa que desde el disparo—. Queda por ver si las imágenes sostienen la ambición del guion o si, como suele ocurrir en las muestras institucionales de factura militar, el relato termina inclinándose hacia la autocomplacencia corporativa. No sé si me explico: una cosa es documentar a los hombres y mujeres que montan guardia en la frontera libanesa, y otra distinta es convertir esa mirada en un folleto de reclutamiento.
Hay, con todo, un motivo de interés que trasciende la mera curiosidad local. La conexión humana entre el archipiélago y los escenarios internacionales de la misión azul constituye un capítulo poco transitado de nuestra sociología insular: son muchos los canarios —tinerfeños, grancanarios, también gomeros— que han servido en el Líbano a lo largo de las sucesivas rotaciones, y su experiencia forma parte, quiérase o no, del mapa sentimental de una comunidad atlántica acostumbrada a proyectarse más allá de sus costas. La fotografía, cuando se toma en serio a sí misma, puede ser el vehículo de esa memoria.
La muestra, de entrada gratuita, podrá visitarse de lunes a viernes, en horario de mañana de 08:00 a 15:00 y de tarde de 17:00 a 19:00. La Sala de Exposiciones del Cabildo, en la capital gomera, ofrece un marco sobrio que, bien aprovechado, debería permitir un recorrido atento: lo contrario de esa mirada distraída que hoy se practica casi siempre delante de una pantalla.
Cabe formular, como cierre y sin ánimo polémico, una pregunta que toda exposición de esta naturaleza arrastra consigo: ¿qué nos cuentan estas imágenes que no sepamos ya por los partes oficiales, y qué se quedan por contar? La respuesta, como suele ocurrir con las buenas fotografías, la tendrá que poner el visitante.


