«Hay colores que son, a la vez, ausencia y exceso»: la frase podría resumir las páginas que Michel Pastoureau dedicó al negro en su conocida historia del color, y sirve también, me atrevo a afirmar, como umbral a la exposición que el Museo Insular del Cabildo de La Palma inauguró el pasado viernes en Santa Cruz de La Palma. Bajo el título El color negro. Elegancia, luto y muerte, la muestra reúne la mayor parte del fondo textil y ornamental de la Casa Museo Cayetano Gómez Felipe, completado con piezas procedentes del propio Museo Insular, del Archivo General de La Palma, de la Biblioteca Insular José Pérez Vidal y de varias colecciones particulares. Podrá visitarse hasta el 18 de julio.
El comisariado corre a cargo de Isabel Santos, directora del Museo Insular, que ha articulado la exposición en torno a la doble naturaleza del negro: color de la elegancia cortesana y color del duelo; uniforme del poder y velo de la muerte; atributo del misterio y, a la vez, marca inequívoca de la solemnidad. La nota del Cabildo subraya que la muestra se detiene con particular interés en el tramo final del siglo XIX, apogeo del vestido de luto en la burguesía europea y, por extensión, en la sociedad isleña, donde los códigos del duelo se respetaron con una minuciosidad que hoy puede parecer excesiva y que, sin embargo, constituye un capítulo esencial de la historia material de La Palma.
El acto inaugural contó con la presencia de Miriam Perestelo, consejera insular de Cultura y Patrimonio Cultural, y de Milagros Álvarez, directora de la Casa Museo Cayetano Gómez Felipe. Perestelo recordó que el Museo Insular «continúa consolidándose como un espacio de referencia para la conservación, la divulgación y la puesta en valor de nuestro patrimonio», y defendió que la propuesta «brinda la oportunidad de contemplar el negro no solo como un color, sino como un símbolo cargado de significado histórico, social y cultural». La fórmula, convencional en el género del discurso institucional, acierta sin embargo en un punto que no es menor: la exposición no aspira al mero despliegue ornamental, sino a la lectura simbólica de una paleta que ha acompañado a la cultura occidental desde los lutos medievales hasta el prêt-à-porter de nuestro presente.
Conviene detenerse en la procedencia del grueso del material. La Casa Museo Cayetano Gómez Felipe, ubicada en el Valle de Aridane, custodia uno de los fondos privados más singulares del archipiélago en lo que a indumentaria histórica y objetos de uso doméstico se refiere; un patrimonio, conviene recordarlo, que el Cabildo tiene previsto proyectar a medio plazo como espacio museístico permanente. La cesión temporal al Museo Insular permite ahora al visitante asomarse, siquiera por unos meses, a un archivo textil que, de otro modo, permanecería en buena medida inaccesible. No sé si me explico: lo verdaderamente relevante de la muestra no es solo lo que exhibe, sino la red de instituciones palmeras —museo, archivo, biblioteca, colecciones privadas— que la hace posible.
Queda por ver cómo se resuelve la mediación pedagógica, siempre ardua cuando se trata de un color que tanto ha significado: del negro de Zurbarán al de Coco Chanel, del luto riguroso de la viuda decimonónica al black tie contemporáneo, la distancia es enorme y exige del comisariado un trabajo de contextualización preciso. El Museo Insular, con sede en la Avenida Marítima de Santa Cruz de La Palma, ha venido mostrando en los últimos años una ambición expositiva que rebasa lo estrictamente local y tiende puentes con la gran historia cultural europea. Si la muestra logra sostener ese pulso durante las próximas semanas —y los mimbres con los que parte son excelentes—, la cita merecerá un viaje a la isla bonita con la misma legitimidad con que lo merece, todos los años, la programación de las capitales.
Hasta el 18 de julio, pues, el negro: color de todos los duelos y, también, de todas las elegancias.


