# Emotiva despedida al exalcalde de El Rosario Elías Bacallado
El Rosario despidió ayer, en un acto cargado de emoción contenida y con sabor a tiempo recuperado, a Elías Bacallado Hernández, alcalde del municipio entre 1962 y 1983 y una de esas figuras que, a fuerza de servicio prolongado y silencioso, terminan confundiéndose con la propia historia del lugar al que sirvieron. La parroquia de Nuestra Señora de La Esperanza, en el corazón del pueblo que vio nacer al finado, se quedó pequeña para acoger a familiares, vecinos y representantes institucionales que quisieron acompañar en su última hora a quien gobernó la corporación rosariera durante más de dos décadas.
Ofició la misa funeral el párroco Valentín González, en un ambiente —según describió el propio Ayuntamiento— «de respeto y recogimiento» que se prolongó hasta el cementerio de La Esperanza, donde recibió cristiana sepultura. Antes, en un gesto de hondo simbolismo municipal, se procedió al acto solemne de entrega a la familia de la bandera del municipio que había cubierto el féretro durante la ceremonia. Una imagen que, como bien saben nuestros lectores, no es habitual en los funerales civiles de la isla y que viene a subrayar la dimensión institucional del homenajeado.
Peso institucional
La presencia de la presidenta del Cabildo de Tenerife, Rosa Dávila, y del alcalde de Santa Cruz, José Manuel Bermúdez, dotó al acto de una proyección que trascendió el ámbito estrictamente municipal. Junto a ellos, el actual regidor rosariero, Escolástico Gil, encabezó la representación de la corporación local, acompañado por concejales, trabajadores municipales y agentes de la Policía Local. También se acercaron a despedir al exalcalde representantes del tejido empresarial y de la sociedad civil tinerfeña, en una nómina que daba buena medida de los apoyos y reconocimientos cosechados a lo largo de una vida pública dilatada.
Previamente, en la sede del consistorio, se había guardado un minuto de silencio en señal de duelo oficial, secundado por las autoridades locales, los empleados municipales y un buen número de vecinos que, sin avisos ni convocatoria masiva, se acercaron por su propio pie a las puertas del Ayuntamiento.
Veintiún años al frente del municipio
Bacallado Hernández, natural de La Esperanza, asumió la vara de mando del Ayuntamiento de El Rosario en 1962 y la sostuvo hasta 1983, ya en plena etapa democrática tras las primeras elecciones municipales de 1979. Veintiún años de gestión continuada que lo convierten, por derecho propio, en uno de los alcaldes más longevos de la historia reciente del municipio y en testigo privilegiado de la transformación experimentada por El Rosario, marcada por el crecimiento residencial de La Cuesta y Radazul y por el peso creciente de su área en el continuo metropolitano de Santa Cruz y La Laguna.
A su figura, formada en aquella generación de regidores que entendían el cargo más como compromiso que como carrera, se le reconoce hoy una dedicación al servicio público que se mide menos en grandes obras —que también— que en la paciencia y el trato cercano con el vecindario. Una manera de hacer ayuntamiento que, con los años, ha terminado adquiriendo el aura de las cosas perdidas.
Quienes ayer le despidieron en La Esperanza lo hicieron, sobre todo, con esa convicción: que se iba alguien de los que ya no se encuentran.
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