Conviene recordar que la Universidad de La Laguna, decana del archipiélago y referencia académica del Atlántico medio desde su refundación en 1927, ha vivido en los últimos años una transformación silenciosa de sus infraestructuras que ahora puede medirse en cifras. La institución ha completado un plan de mejora de instalaciones y equipamiento por valor de 3.513.937,16 euros, financiado con una subvención nominativa de 3,5 millones procedente de los Presupuestos Generales del Estado, según informó la propia universidad el pasado veintiocho de abril.
La partida, contemplada en la Ley 22/2021, de 28 de diciembre, de Presupuestos Generales del Estado, ha permitido acometer una batería de actuaciones repartidas entre los principales campus tinerfeños de la institución: Anchieta, Ciencias de la Salud, el aulario central y el edificio de Náutica, entre otros. Se trata de una de las inyecciones más relevantes recibidas por la ULL en los últimos ejercicios para infraestructura no estructural, en un contexto en el que la financiación universitaria pública canaria sigue siendo objeto de debate recurrente entre la comunidad académica, el Gobierno autonómico y el Estado.
Laboratorios: del banco de pruebas a la docencia
El grueso de la inversión se ha destinado a la renovación de espacios de investigación experimental. En el campus de Anchieta se ha modernizado el laboratorio Nutrahlipids, dedicado al estudio de lípidos con aplicaciones nutracéuticas, mientras que en el área de Ciencias de la Salud se han actualizado los laboratorios de Farmacología y de Neurobiología y Neurología Experimental, dos de los que sostienen buena parte de la producción científica de la facultad. La obra contempla, además, el acondicionamiento de un nuevo laboratorio de Arqueobotánica —disciplina que combina restos vegetales y contexto histórico para reconstruir paleopaisajes y dietas, especialmente útil en una región con yacimientos guanches todavía por excavar— y la instalación de sistemas de extracción de seguridad en los laboratorios de ingeniería.
Estas reformas no son menores: la calidad del equipamiento condiciona, en la práctica, la posibilidad de competir por proyectos en convocatorias estatales y europeas, así como la capacidad para retener y atraer investigadores en una universidad insular que arrastra dificultades estructurales asociadas a la ultraperiferia.
Aulas, climatización y autoconsumo
La intervención no se agota en los laboratorios. La ULL ha electrificado el aula 0.3 de la Facultad de Economía, Empresa y Turismo, ha unificado espacios en la Facultad de Física y Matemáticas y ha mejorado las instalaciones eléctricas de varios aularios. A ello se suman actuaciones en climatización y ventilación tanto en espacios de estudio como en los propios laboratorios, una demanda histórica del estudiantado que en los últimos cursos ha visto cómo las olas de calor, antes excepcionales, empiezan a alterar la rutina académica también en la vertiente norte de la isla.
En paralelo, la institución ha apostado por la sostenibilidad con la instalación de placas fotovoltaicas para autoconsumo en varios edificios y con sistemas de recogida de aguas pluviales. Dos decisiones coherentes con la declaración de emergencia climática asumida por la universidad y con el horizonte de descarbonización que comparten las administraciones públicas canarias.
Náutica estrena coworking
Entre las novedades de carácter más simbólico figura la habilitación de un área de coworking en el edificio de Náutica, en el área metropolitana, así como un nuevo office en el Rectorado. La apuesta por espacios compartidos de trabajo —cada vez más extendida en universidades europeas— responde a la necesidad de favorecer la colaboración entre grupos de investigación y, también, de ofrecer al estudiantado de últimos cursos entornos próximos a la cultura profesional que encontrarán al egresar.
Conviene recordar que el edificio de Náutica conserva una identidad propia dentro de la ULL, vinculada históricamente a los estudios marítimos y a la singular relación de Canarias con el océano que la rodea. Que el coworking aterrice precisamente allí parece más una declaración de intenciones que una decisión meramente logística.
La Universidad de La Laguna, que el próximo curso afrontará un nuevo ciclo de negociación de su contrato-programa con el Gobierno de Canarias, ha mostrado con esta operación que las inversiones del Estado, cuando llegan, se traducen en mejoras tangibles para los más de veinte mil estudiantes que cada mañana suben a sus campus. Queda por ver si la senda se consolida o si, como tantas otras veces en la historia reciente de la institución, la próxima dotación tarda en regresar.
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