Son las once de la mañana en la calle Obispo Rey Redondo y, por primera vez en casi una década, los turistas que suben hacia la Catedral pueden levantar la vista sin tropezarse con un andamio. La portada plateresca de la Casa del Corregidor, tapada desde 2017 por una estructura metálica que el paisaje urbano de La Laguna terminó asumiendo como mobiliario fijo, vuelve a ser visible este miércoles tras una restauración de ocho años y 133.750 euros.
La intervención, financiada por el Ayuntamiento de La Laguna y ejecutada por la Universidad de La Laguna, devuelve a la ciudad Patrimonio de la Humanidad lo que el cronista Eliseo Izquierdo describe como «una pieza muy importante del plateresco tardío, hecha en piedra del país». Construida entre 1540 y 1545 en piedra volcánica roja, es el ejemplo más antiguo de arquitectura plateresca de todo el Archipiélago.
Una restauración de manual universitario
Los números lo dicen claro: 52 metros cuadrados de fachada —8,80 metros de alto por 6 de ancho— sometidos a un trabajo que ha exigido escultores, químicos, petrólogos y restauradores. La codirección técnica la ha asumido la profesora de la ULL Fernanda Guitián Garre, junto a los arquitectos Fernando Saavedra y Fernando Béthencourt y el profesor Antonio Sánchez.
El proceso, según ha detallado el equipo, ha consistido en la eliminación manual de los morteros de cemento que dañaban la piedra original, el tratamiento de un ataque biológico extendido y la conservación de los casetones cuadrados que en su día sirvieron de anclaje a los andamios históricos. También se han reproducido los tres escudos —el imperial de Carlos V, el de la ciudad como símbolo del Concejo y el de la familia Sotomayor— para su exhibición en el interior del edificio.
Ayuntamiento y Universidad, mismo guion
El alcalde, Luis Yeray Gutiérrez, ha aprovechado la presentación para reafirmar el «compromiso con la recuperación y conservación del patrimonio» de la ciudad. El rector de la ULL, Francisco García, ha situado la operación en una línea más amplia: la de una «universidad pública al lado de la sociedad, conservando patrimonio».
La colaboración entre Consistorio y Universidad —el primero pone el dinero; la segunda, el conocimiento técnico— funciona en La Laguna desde hace décadas como uno de esos engranajes silenciosos que no aparecen en los titulares hasta que el resultado se descubre. Literalmente.
Para los comerciantes de la zona, acostumbrados a convivir con la estructura metálica desde la legislatura de José Alberto Díaz, la retirada del andamio significa también una postal recuperada: la de la fachada de piedra roja que durante casi quinientos años ha presidido el tramo más fotografiado del casco histórico. Para la ULL, otro encargo entregado. Y, en medio, una portada del XVI que vuelve a respirar a la vista de quien pase.
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