El presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo, recibió este jueves, catorce de mayo, en la sede de Presidencia, en Santa Cruz de Tenerife, a los investigadores de la Universidad de La Laguna Juan Carlos Santamarta Cerezal y Noelia Cruz Pérez, autores de la plataforma SICMA-Canarias, distinguida con el Chris Binnie Award 2026 que concede la Institution of Civil Engineers (ICE) del Reino Unido. Es la primera vez que un proyecto español obtiene este galardón, considerado el reconocimiento internacional más relevante en el ámbito de la gestión sostenible del agua.
La distinción ha recaído de manera específica en la investigadora Noelia Cruz Pérez, aunque ambos científicos comparten la autoría intelectual de una herramienta que, en palabras del propio Clavijo durante la recepción, constituye un instrumento de «apoyo técnico en el diseño de la planificación hidrológica y la adaptación territorial al cambio climático». El jefe del Ejecutivo autonómico subrayó, ante los galardonados, el valor estratégico que el proyecto adquiere para un archipiélago que, por su condición ultraperiférica y su dependencia estructural del agua, figura entre los territorios europeos más expuestos a los escenarios climáticos previstos para las próximas décadas.
Qué es SICMA y para qué sirve
SICMA-Canarias, accesible de forma libre en el portal canarias.sicma.red, es una plataforma desarrollada por la Universidad de La Laguna junto a las empresas FICLIMA y Meteogrid en el marco del proyecto europeo ARSINOE, financiado por el programa Horizonte 2020. Su aportación principal consiste en ofrecer proyecciones climáticas de alta resolución hasta el año 2100 sobre las variables que determinan la disponibilidad del recurso hídrico en cada isla: precipitación, temperatura, índice de aridez, evapotranspiración y balance hídrico.
En la práctica, esto significa que un técnico del Consejo Insular de Aguas de Tenerife, un ingeniero agrónomo del valle de La Orotava o un planificador municipal pueden consultar, a escala territorial fina, cómo se proyecta la evolución de las lluvias, las temperaturas medias o el estrés hídrico en su zona de trabajo bajo distintos escenarios de emisiones. La herramienta está pensada, según sus impulsores, para los consejos insulares de aguas, el sector agrícola, los gestores ambientales y la ciudadanía interesada en la transparencia de los datos climáticos.
Conviene recordar que la planificación hidrológica de las islas se sostiene, todavía hoy, sobre series históricas que no siempre incorporan con suficiente detalle el horizonte del cambio climático. SICMA aspira, precisamente, a cubrir esa brecha entre la ciencia del clima y la toma de decisiones cotidiana en una administración tan fragmentada como la canaria, donde la competencia hídrica corresponde a los cabildos a través de sus consejos insulares.
Un archipiélago bajo estrés hídrico
El reconocimiento llega en un momento en el que la cuestión del agua ha vuelto al primer plano del debate público canario. Las últimas evaluaciones del Panel Intergubernamental del Cambio Climático sitúan a la región macaronésica entre las áreas de mayor vulnerabilidad de Europa, con tendencias previsibles al descenso de la precipitación media, al incremento de la aridez y a episodios más frecuentes de temperaturas extremas. Tenerife, con su acusada dualidad entre la vertiente norte —tradicionalmente más húmeda, soporte de la agricultura del plátano y de la viticultura de Tacoronte-Acentejo— y un sur cada vez más demandante por la presión turística y residencial, ofrece probablemente el laboratorio más exigente del archipiélago.
La ULL, que en los últimos años ha consolidado en torno al grupo de Santamarta Cerezal una línea de investigación de referencia en ingeniería del agua y geotermia, refuerza con este galardón una trayectoria que dialoga directamente con los grandes desafíos territoriales de las islas. No es un detalle menor que el premio lleve el nombre de Chris Binnie, ingeniero británico cuya obra contribuyó a redefinir la gestión hídrica contemporánea: el reconocimiento sitúa a un equipo lagunero en una genealogía internacional de primer orden.
Queda, ahora, lo más difícil: que los datos abiertos que SICMA pone sobre la mesa se traduzcan en planificación real, en decisiones administrativas que asuman el horizonte de 2100 no como un escenario remoto, sino como el marco temporal con el que ya conviven los acuíferos, los embalses y los regantes de unas islas que, como advertía Manuel Alvar al describir el habla canaria, han hecho siempre del agua una palabra cargada de memoria y de urgencia.
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