La luz de abril cae plana sobre el malpaís y se cuela, como cada primavera, por las claraboyas de los institutos de la isla. A esa hora, los pasillos huelen todavía a café del recreo y a papel recién impreso. Allí, entre las aulas de hostelería y los talleres de administrativo, se juega una parte del futuro que pocas veces aparece en los folletos turísticos: el de los chicos y chicas conejeros que no quieren marcharse a Gran Canaria para estudiar un ciclo superior.
La Consejería de Educación, Formación Profesional, Actividad Física y Deportes del Gobierno de Canarias ha anunciado este lunes un refuerzo de la oferta de FP en Lanzarote para el próximo curso, con la incorporación de nuevos ciclos y un paquete de dobles titulaciones enfocado a los sectores estratégicos de la isla. El consejero Poli Suárez y el coordinador del área, Francisco Rodríguez Machado, han presentado las novedades dentro del plan de expansión autonómico que aspira a superar los 52.000 estudiantes matriculados en FP el próximo curso, frente a los 47.600 actuales.
Lo nuevo: vino, aceite y bata blanca
Entre los ciclos que se estrenan destaca, por su encaje con la identidad agraria de la isla, el grado medio en Aceites de Oliva y Vinos. No es un detalle menor. Esta isla no se entiende sin La Geria, sin los hoyos de malvasía abiertos a pulso en el lapilli, sin esa viticultura que sobrevive al viento alisio porque alguien, hace siglos, decidió plantar donde el volcán había arrasado. Formar técnicos propios para el sector vinícola conejero —que hasta ahora tenía que improvisar con trabajadores llegados de fuera o reciclados de otros oficios— es una reivindicación vieja de las bodegas de la isla.
En el apartado sanitario, la oferta incorpora el grado superior en Higiene Bucodental, un ciclo tradicionalmente concentrado en las islas capitalinas y que hasta ahora obligaba a las familias lanzaroteñas a asumir el coste del desplazamiento a Las Palmas o Tenerife.
Dobles titulaciones para el mercado real
La segunda pata del anuncio es la batería de dobles titulaciones, diseñada para que el alumnado termine con dos certificados en el tiempo que antes se invertía en uno solo. La lista habla por sí sola del tipo de economía que sostiene la isla:
– Administración y Finanzas + Asistencia a la Dirección
– Gestión de Ventas y Espacios Comerciales + Marketing y Publicidad
– Transporte y Logística + Comercio Internacional
– Dirección de Cocina + Dirección de Servicios de Restauración
– Guía, Información y Asistencias Turísticas + Agencias de Viajes y Gestión de Eventos
– Desarrollo de Aplicaciones Web + Desarrollo de Aplicaciones Multiplataforma
Los dos itinerarios turísticos —cocina con restauración, guía con agencias— son la traducción académica de una evidencia que cualquiera que pase por Puerto del Carmen o Playa Blanca conoce: la isla vive del turismo y, sin embargo, la formación propia para el sector ha ido siempre por detrás de la demanda. El bloque de logística y comercio internacional, por su parte, apunta a la actividad del puerto de Los Mármoles y al tejido de importadores que abastece a una isla donde casi todo llega por barco.
La oferta inclusiva
La Consejería mantiene además la FP Adaptada en Hostelería, en la modalidad de Operaciones básicas de pisos, y conserva el curso de especialización en Panadería y Bollería Artesanales, una formación que en los últimos años ha alimentado el pequeño auge del pan de kilómetro cero en varios municipios.
Canarias, un sistema en crecimiento
El anuncio se enmarca en la estrategia autonómica para consolidar la FP como alternativa real al bachillerato y la universidad. En el conjunto del archipiélago, el curso actual ha cerrado con 47.600 estudiantes matriculados y alrededor de 5.000 empresas colaborando en la modalidad dual. El objetivo declarado de la Consejería es rebasar la barrera de los 52.000 alumnos en el próximo ejercicio.
Los lanzaroteños sabemos que cada promoción que se queda en la isla es una familia que no se rompe y un oficio que no se pierde. Que el malpaís siga dando viñas, que los hoteles encuentren cocineros formados aquí y que la logística del puerto tenga técnicos con acento conejero no es un lujo: es la manera más antigua, y más moderna, de defender lo que somos.



