El viento de levante trae, estos días, ese zumbido grave y reconocible que los vecinos de Playa Honda aprenden a leer como quien interpreta la marea. Son los aviones que entran y salen del aeropuerto de Guasimeta, el mismo que ha ensanchado Lanzarote al mundo y que, desde hace años, mantiene a buena parte del municipio de San Bartolomé bajo una huella sonora que el propio Ayuntamiento considera mal dibujada.
Esta isla no se entiende sin su aeropuerto, pero tampoco sin el pulso que desde el consistorio conejero se sostiene contra AENA para ajustar las servidumbres acústicas de la infraestructura a lo que de verdad se oye al pie de la pista. El Ayuntamiento de San Bartolomé mantiene publicada en su web la documentación sobre la delimitación de las servidumbres acústicas del aeropuerto de Lanzarote y las alegaciones presentadas al Plan de Acción asociado al Mapa Estratégico de Ruido —Fase III— de la infraestructura, un expediente que se sometió a información pública en el Boletín Oficial del Estado número 202, de 21 de agosto de 2018, y cuya propuesta de delimitación apareció poco después en el BOE número 309, de 24 de diciembre de ese mismo año.
El consistorio de San Bartolomé formuló alegaciones el 19 de octubre de 2018 y desde entonces sostiene, con el soporte técnico y jurídico del bufete Juristas Contra el Ruido, que la huella propuesta por AENA no recoge la realidad sonora del municipio. La documentación difundida se apoya en tres mediciones en continuo realizadas en el núcleo urbano de Playa Honda: un punto dentro de la servidumbre actual, otro justo en el límite y un tercero fuera. En los tres casos, los niveles medidos resultaron unos cinco decibelios superiores a los calculados por el gestor aeroportuario. En el punto más alejado, por ejemplo, AENA estimó un Ld de 55 dBA para el periodo diurno y la medición real arrojó 60 dBA, por encima del umbral que fija el artículo 8 del Real Decreto 1367/2007 para suelo residencial.
El malpaís se defiende solo, pero los barrios necesitan papel. De ahí que el Ayuntamiento pidiera a AENA, entre otras cosas, ampliar el límite de la servidumbre acústica hasta incluir el punto de medición que quedó fuera, implantar monitorización permanente de ruido y trayectorias, estudiar restricciones a los vuelos nocturnos al menos entre las 00:00 y las 06:00 horas, realizar encuestas de percepción en las zonas habitadas cercanas al aeródromo y extender las mediciones in situ a equipamientos educativos, deportivos, industriales y terciarios, no solo a viviendas. En los planos difundidos figuran expresamente el CEIP Playa Honda, el IES Playa Honda y el colegio público Mimados, además del propio polígono industrial de San Bartolomé. El consistorio reclama también, de forma subsidiaria, una nueva delimitación completa basada en mediciones reales y la concreción de las medidas compensatorias que correspondan al municipio.
La huella que AENA propone se extiende desde Tías, al sur de la pista, y atraviesa en diagonal el término de San Bartolomé hasta rozar Argana Alta, en Arrecife, y pellizcar el norte del municipio de Teguise. Dentro de esa franja discurren la vida escolar, el tráfico de la LZ-2 y miles de viviendas cuya situación urbanística —licencias, ampliaciones, reformas— queda condicionada a lo que finalmente recoja el real decreto. El siguiente paso, según explica el propio Ayuntamiento en la información que mantiene pública, corresponderá a la Comisión de Seguimiento Ambiental, el órgano interministerial en el que se sientan los ministerios con competencia en Medio Ambiente y Transportes junto con la comunidad autónoma y los ayuntamientos afectados, y que debe validar tanto la huella definitiva como el Plan de Aislamiento Acústico. Sus resoluciones son recurribles en alzada.
El Plan de Aislamiento —tres años de plazo desde su aprobación, según el marco general— contempla actuaciones costeadas por AENA en carpinterías, fachadas y cubiertas para viviendas, colegios, hospitales, iglesias y residencias de mayores situadas dentro de la huella, cuando se superen en el interior 45 dB(A) de día y 40 de noche en salones, 40 y 30 en dormitorios o 50 en el resto de estancias.
Los lanzaroteños sabemos que el aeropuerto es frontera y también puente, y que sobre la línea amarilla del jable se dibujan, a la vez, el pan y la hipoteca. Que esa línea se trace bien, con el oído puesto en el suelo y no en la planilla, es lo que el Ayuntamiento de San Bartolomé lleva años reclamando. Manrique pedía, hace ya medio siglo, mirar la isla despacio. Conviene, también, escucharla.



