Economía

La Palma estudia declarar emergencia cinegética para salvar las parras centenarias de Fuencaliente

La Palma estudia declarar emergencia cinegética para salvar las parras centenarias de Fuencaliente

El Cabildo de La Palma analiza decretar la emergencia cinegética en Las Machuqueras para proteger las viñas centenarias frente a la plaga de conejos.

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En el sur de La Palma, donde la lava del Teneguía dibujó en 1971 el último mapa volcánico de Fuencaliente, crecen unas parras que no se parecen a ninguna otra. Son viñas centenarias, agarradas al malpaís de Las Machuqueras como si supieran que su único seguro de vida es el tiempo. Y son, hoy, el objeto de una decisión administrativa poco frecuente: el Cabildo de La Palma ha iniciado un estudio técnico para decretar la emergencia cinegética en la zona, una figura excepcional que busca proteger estos cultivos frente a la sobrepoblación de conejos.

La propuesta se presentó durante una visita conjunta al paraje en la que participaron el presidente insular, Sergio Rodríguez; la consejera de Medio Ambiente, Mónica Gómez, y el alcalde de Fuencaliente, Gregorio Alonso. El Cabildo describe la situación como “insostenible” para un sistema agrícola que, recuerda la institución, combina “naturaleza, cultura y economía” en un mismo paño de tierra. Las parras de Las Machuqueras no son solo viñas: son memoria oral, arquitectura del terreno, técnicas heredadas que los viticultores del sur han mantenido contra viento, ceniza y mareas políticas.

Para quienes no conocen esta tierra, conviene detenerse un momento. Las Machuqueras se encuentra dentro del Monumento Natural de los Volcanes de Teneguía, un territorio donde cualquier intervención pasa por el filtro de la protección ambiental. Eso explica por qué la herramienta elegida no es una batida improvisada, sino la declaración formal de emergencia cinegética: una figura que permite a la administración insular delimitar zonas concretas y autorizar actuaciones de control de fauna más allá de los periodos y métodos ordinarios de caza, siempre dentro del marco ambiental. No es una puerta abierta. Es una ventana, acotada, para actuar cuando la convivencia entre fauna y agricultura se rompe.

El diagnóstico que maneja el Cabildo apunta a que esa ruptura ya ha ocurrido. La sobrepoblación de conejos está causando daños graves a plantas centenarias que, por su propia condición, no se sustituyen con una poda ni con una replantación. Una parra de más de cien años no se compra. Se hereda.

Las medidas que baraja la institución insular, según la propia nota, van en tres direcciones. Primero, la delimitación de zonas específicas de control, para concentrar esfuerzos sin convertir todo el sur en un área de excepción. Segundo, la aplicación de métodos basados en el conocimiento del territorio y en la normativa ambiental vigente: respuestas caso a caso, guiadas por los técnicos y por los propios vecinos que llevan generaciones leyendo el terreno. Y tercero, la instalación de vallados perimetrales protectores, la solución más elemental y probablemente la más urgente: levantar una barrera física entre el conejo y la cepa.

El estudio técnico, que ahora arranca, deberá sustentar la eventual declaración. Y ahí está el segundo frente: el administrativo. La emergencia cinegética no se decreta por decisión política; exige justificación técnica, informes ambientales y la coordinación entre Cabildo, ayuntamiento y Gobierno de Canarias en lo que a protección de espacios naturales se refiere. Los plazos, por el momento, no se han concretado.

Hay una lectura que va más allá del parte agrícola. Las parras de Las Machuqueras son una de esas piezas del paisaje palmero que no caben en una ficha turística. No están en los folletos. Están en la manera en que los viticultores del sur han aprendido a cultivar sobre piedra, sobre ceniza, sobre la herencia cercana del volcán. Perderlas no sería solo un problema para una cooperativa. Sería perder una forma de entender la isla.

La isla bonita, una vez más, se juega su memoria en los detalles. En una parra que tiene más años que cualquiera de los cargos que caminaban entre sus troncos. Y mañana, si nadie lo impide, el conejo seguirá ahí.


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Eliseo Pérez Hernández

Nací en Los Llanos de Aridane en 1974. Soy una de las voces periodísticas más reconocidas de La Palma. Viví y conté la erupción del Cumbre Vieja de 2021 desde primera línea. Escribo con el acento y la memoria de la isla.

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