Vicente Zapata Hernández llevaba años trabajando, barrio a barrio, en los hilos finos de la convivencia. Este lunes le tocó llevar ese trabajo al Congreso. El profesor titular de la Universidad de La Laguna compareció ante la Comisión de Trabajo, Economía Social, Inclusión, Seguridad Social y Migraciones del Congreso de los Diputados, a petición del Grupo Mixto, para aportar su conocimiento sobre la realidad migratoria del archipiélago.
La cita no era menor. Zapata hablaba en pleno proceso de regularización extraordinaria y a apenas unas semanas de la entrada en vigor del Pacto Europeo de Migración y Asilo, dos marcos llamados a redibujar la gestión de la movilidad humana en España y, de forma especialmente intensa, en Canarias.
El investigador de la ULL planteó ante los diputados que la regularización debía abordarse «de modo que se convierta en un éxito colectivo de nuestra sociedad», y reclamó que el despliegue del nuevo paquete europeo se haga con prudencia y consenso. Sobre el Pacto, pidió encontrar fórmulas compartidas «para que su aplicación no produzca más dificultades de las ya existentes».
Advertencia sobre el ruido y el odio
Buena parte de la intervención giró sobre un terreno cada vez más espinoso: el del relato público de la migración. Zapata advirtió del «ascenso de las actitudes xenófobas y racistas, que contribuyen a afianzar y propagar discursos de odio», y subrayó que al proceso migratorio «poco le ayuda el ruido y la propagación del temor, cuando no del odio».
El profesor cuestionó también el reduccionismo con el que suele abordarse el fenómeno desde la política y los medios, una mirada —dijo— «que centra la migración en la excepcionalidad y la emergencia, dejando fuera del foco social su amplio espectro». Frente a esa lectura cortoplacista, defendió mirar la migración desde el territorio, «allí donde se hilvanan las relaciones vecinales con distintas intensidades».
El Plan Canario 2026-2029
Zapata acudió al Congreso con un aval concreto: ha participado en el proceso participativo de planificación estratégica que ha desembocado en el Plan Canario de Inmigración y Convivencia Intercultural 2026-2029, elaborado en colaboración con el Cabildo de Tenerife y el Gobierno de Canarias. El plan se ha pensado, según el experto, desde la escala local, con la idea de que la convivencia se construye en los barrios, no en los titulares.
En esa línea, citó la experiencia de ParticipaBarrio, un proyecto de I+D+i multisituado en distintas localidades del Estado, como ejemplo del trabajo que pretende llevarse a la práctica: bajar la migración del plano abstracto y del discurso de alarma al plano concreto de la calle, la escalera y el aula.
El contexto demográfico
Las cifras que aportó ante la comisión sirven para entender por qué Canarias se mira desde Madrid y desde Bruselas con especial atención. España ha pasado de 40 a casi 50 millones de habitantes en lo que va de siglo, y el archipiélago ha sumado en ese mismo periodo más de medio millón de residentes. La mayor parte de ese crecimiento, recordó Zapata, no procede de las llegadas en cayuco —las que copan las portadas— sino de personas migrantes de origen latinoamericano y europeo que se han instalado en las islas para trabajar y vivir.
Ese desajuste entre el relato y los datos atraviesa toda la conversación pública sobre migración en Canarias. Mientras la atención política y mediática se concentra en los desembarcos en El Hierro o en la situación de los menores tutelados, la transformación demográfica real lleva años produciéndose por otras vías, en silencio, en barrios de Santa Cruz, de Telde, de Adeje o de Arrecife.
La pregunta que Zapata dejó sobre la mesa de la Comisión, más implícita que formulada, es la que recorre cualquier debate serio sobre el Pacto Europeo y la regularización: ¿se está construyendo un marco a la altura del fenómeno, o uno a la altura del miedo?
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