El presidente del Consejo Regional marroquí de Souss Massa, Karim Achengli, visitará el archipiélago entre el 26 y el 29 de abril al frente de una delegación de más de medio centenar de representantes empresariales, comerciales, académicos y deportivos. El encuentro bilateral con el presidente de Canarias, Fernando Clavijo, está previsto para el lunes 27 y servirá para activar los diez acuerdos de colaboración y el memorando de entendimiento que ambas administraciones rubricaron el pasado enero en Agadir.
La escala de la comitiva marroquí da la medida del salto cualitativo. Frente al tradicional gesto protocolario, la agenda que llega a nuestro archipiélago está tejida en clave de cooperación ejecutiva, con ámbitos que van desde el desarrollo económico y la economía azul hasta la digitalización, la transición energética, la gestión de recursos hídricos, la formación académica y la investigación científica. Figura también la sostenibilidad y, en un epígrafe propio, el deporte, con un ojo puesto en el Mundial de Fútbol de 2030 que compartirán España, Portugal y Marruecos y que convierte el corredor atlántico medio en una pieza logística nada menor.
El viceconsejero del Gabinete de la Presidencia, Octavio Caraballo, es quien ha fijado el marco político. La relación con Souss Massa, ha subrayado, «ya no se mueve solo en el ámbito institucional, sino que también se está reforzando en ámbitos tan diversos como el económico, el académico, el científico y el deportivo». La frase admite dos lecturas: un balance de fase y, a la vez, un encargo a los departamentos sectoriales del Gobierno de Canarias, que deberán traducir titulares en expedientes.
La operación encaja en una lógica territorial que los canarios conocemos mejor que nadie. El archipiélago se sitúa a poco menos de cien kilómetros de la costa africana y a 1.800 kilómetros de la Península, una geografía que la propia Constitución reconoce en su disposición adicional tercera y que tanto el REF como el estatus de Región Ultraperiférica que recoge el artículo 349 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea intentan modular. Proyectar acción exterior hacia el vecindario marroquí no es, por tanto, capricho diplomático: es ejercer la condición atlántica que la comunidad autónoma tiene grabada en su propia razón de ser.
Conviene, eso sí, no confundir la fotografía con el expediente. La nota oficial del Ejecutivo canario enumera áreas de cooperación, pero no desglosa los importes comprometidos, los calendarios ni los órganos mixtos de seguimiento que deberían dar cuerpo a los diez acuerdos firmados en Agadir. Sin esa letra pequeña —la que distingue un protocolo de voluntades de una política pública— el riesgo es que el «puente atlántico» se quede en metáfora de folleto institucional. La propia vecindad con Souss Massa, la región que concentra el dinamismo agroexportador y portuario del sur de Marruecos alrededor de Agadir, exige contrapartidas tangibles en materia pesquera, hídrica y académica.
Hay, además, un dato político que no conviene pasar por alto. La acción exterior canaria se ha movido históricamente bajo la sombra —y en ocasiones bajo el veto— del Ministerio de Asuntos Exteriores. Que el Gobierno de Canarias articule por sí mismo una agenda sostenida con una región marroquí refuerza una tesis que los nacionalismos periféricos del Estado español llevan años defendiendo: los territorios con singularidad geográfica tienen intereses propios que merecen cauce institucional propio. En ese sentido, Clavijo mueve ficha en un tablero en el que el nacionalismo canario ha insistido durante décadas.
La visita del 27 de abril medirá hasta dónde llega la voluntad de ambas orillas. Si el encuentro deja compromisos concretos —convenios universitarios activados, proyectos en economía azul con financiación identificada, mecanismos estables de diálogo en materia hídrica— el archipiélago habrá dado un paso en la dirección correcta. Si se queda en comunicado conjunto y apretón de manos, habrá que recordar lo de siempre: que la geografía es terca y que este archipiélago existe, pertenece a Europa y convive con África mucho antes de que alguien descubriera la utilidad del marketing institucional.


